Estas fotos son del día que fuimos al Cabo Peñas. He de reconocer que me encantó con ese ruido de olas rompiendo contra las rocas y esa sensación de eternidad que dan los acantilados, especialmente los altos. Y dan esa sensación de eternidad aún cuando son el mejor reflejo del paso de los años y de su efecto, de como la fuerza del agua, del mar, va destruyendo la roca hasta que esta, exhausta después de siglos aguantando el envite de las olas, termina cediendo.  A veces poco a poco, dejando ir un trocito, un grano, un día y al siguiente otro y a veces desmoronándose en grandes trozos cuando el soporte que estos tenían debajo ya no aguanto su peso.